VI CONGRESO ARGENTINO Y LATINOAMERICANO DE ANTROPOLOGÍA RURAL
Título del trabajo. ¨" La ruralidad urbana"
GT 7. Modalidades de intervención, políticas públicas y extensión rural
Autor Jorge Derra jorgederra@gmail.com Aldea Escobar ONG
Nombre del archivo: Derra2_PON_G7
Cuando hablamos de la dualidad rural - urbano necesitamos observar algunas cuestiones que por lo general, suelen pasar desapercibidas. Se postula que estos dos términos conforman naturalmente una antinomia o una dualidad sustantiva. En este trabajo pretendemos establecer que esto no es así, no lo es al menos en sentido estricto.
Si hablamos desde el punto de vista de la naturaleza, los hombres primitivos solo concebían lo rural, para la naturaleza lo urbano es una anomalía, es una construcción cultural, concebida por el humano. Por ello sostenemos que naturalmente no existe tal dualidad, la antinomia no es genuina y hay que recurrir a la acción del hombre para validarla.
Lo que resulta paradojal es que es la aparición de la agricultura, uno de los recursos para definir hoy lo rural, lo que permite el inicio de ese proceso que desemboca en la urbanidad, al cambiar el carácter nómade de aquellos primitivos, por el progresivo sedentarismo.
Si aceptamos que lo urbano es una anomalía, generada por la actividad del humano, en este contexto, los marcos conceptuales de la divergencia urbano - rural deben analizarse bajo esa restricción.
La dualidad, urbano - rural, es una construcción afectada por lo político, lo social y lo económico, además de lo geográfico y cultural. Entonces cuando pretendamos describir estos términos debemos tener en cuenta estos aspectos.
Para comprender el comportamiento históricos de los parámetros que a nuestro entender definen los conceptos urbano y rural describimos tres procesos históricos, en ellos, un eje común en sus relaciones sociales y de poder, y en ese eje, cuatro elementos. La invasión, la dominación, la esclavitud, y el exterminio étnico demográfico. Se intentará descubrir ejes comunes entre las antiguas formas de ruralidad, y las actuales, expresando que las relaciones entre los distintos sujetos históricos de los procesos hasta aquí vividos, tienen formas comunes e indeseables. La esclavitud, el sometimiento por la fuerza, la depredación de la condición humana, el asesinato de millones de personas, el exterminio de centenares de pueblos, la acumulación impúdica de riquezas y poder, de parte de unos, a costa del genocidio y la aniquilación física, histórica y cultural de otros.
Otro eje común en los distintos procesos, es el vaciamiento demográfico de amplias zonas del país, ya sea a consecuencia, del exterminio físico o de la expulsión impiadosa, en lo que termina siendo un horrendo formato de limpieza étnica.
CONSTRUYENDO LA RURALIDAD, LOS TRES PROCESOS HISTÓRICOS.
Todo comienza con la llegada de los primeros europeos a estas zonas de América. La instalación de aquello que en este trabajo llamaremos la primera oligarquía, a sabiendas de que habrá una segunda y una tercera.
PRIMERA OLIGARQUIA.
LA INVASION COMO ESTRATEGIA, EL EUROCENTRISMO COMO DOGMA, EL ESCLAVISMO COMO HERRAMIENTA.
Las distintas manifestaciones del esclavismo en nuestro país se pueden rastrear cronológicamente.
Dentro de lo que se considera el derecho indiano, en 1512 se dicta el sistema de "repartimientos" por parte del reino español sobre las posesiones de América, conquistadas y por conquistar.
Las tierras conquistadas fueron divididas por los gobernadores en partes y los jefes de aldea o "Caciques" estaban obligados a entregar a los españoles como esclavos, el número de indígenas que estos exigieran.
Para repartir y encomendar a los indios, se los cazaba mediante las denominadas "Malocas", verdaderas cacerías a caballo de los indios.
En 1531 el Papa Pablo III, emitió una bula por la cual declaraba a los indios, pertenecientes a la especie humana y en virtud de ello, libres de esclavitud. También, el consejo imperial español para las Indias, se pronuncia mas tarde en tal sentido.
En vez de los repartimientos dirigidos a la esclavitud directa de la población, se introdujeron las llamadas "Encomiendas"
En las encomiendas se reconocía la libertad de los indios, e incluso la propiedad de la tierra, pero como se los declara incapaces, se los ponía bajo la tutela de los españoles, por lo general hijos de los primeros conquistadores, que terminaban explotándolos peor que si fueran esclavos.
No habrá para los indios, ni libertad formal, ni derecho a propiedad alguna, solo maloca.
Tal es la fiereza del trato a los indios encomendados, que el mismo Felipe II advierte tanto al obispo como al gobernador del Rio de la Plata en 1582, con sendas cedulas reales idénticas, extendidas a cada uno de ellos, donde les imprecaba, en defensa de los indios.
"Los tratan peor que esclavos y como tales se hallan, muchos vendidos y comprados, de unos encomenderos a otros y algunos muertos a azotes y mujeres que mueren y revientan con las pesadas cargas y a otras y sus hijos les hacen servir en sus granjerías y duermen en los campos y allí paren y crían mordidos de sabandijas ponzoñosas, y mucho se ahorcan y otros se dejan morir sin comer y otras toman yerbas venenosas, y que hay madres que matan a sus hijos en pariéndoles, diciendo que lo hacen para librarlos de los trabajos que ellos padecen"
¿Pero cuál era el objetivo de semejante ensañamiento. cuáles eran las tareas que necesitaban de semejante grado de sometimiento y resignación?.
Si primero los indios eran sometidos a la esclavitud para realizar fortificaciones, iglesias, y tareas publicas en general, cuando se descubría algún cultivo, que pudiera ser exportado, eran colocados a trabajar en el mismo, hasta la extenuación. Tal lo que sucedió en Tucumán con el cultivo de algodón.
El algodón marca con su introducción una época en la historia del Tucumán, pues hasta finalizar el siglo XVI y principios del XVII el algodón es el cimiento sobre el cual descansa su comercio, su moneda, sus encomiendas, en una palabra, su economía y en ese momento empezó para los indios de Tucumán una explotación intensiva y despiadada que fue una de las causas de la extinción. La rueca se hizo en Tucumán símbolo de esclavitud y motivo inextinguible de odio.
Lo que para Tucumán se dice, bien cabe para todo el territorio en manos de los señores encomenderos. Desde Lima hasta Buenos Aires, desde Córdoba a Potosí. Aquí en la producción de alimentos o cultivos industriales, allí en el infierno de las minas, donde fuera, la maloca, la encomienda, la esclavitud fáctica de los indios, fueron las herramientas que al tiempo que construían esa primera ruralidad eurocentrista, exterminaban pueblos enteros, llevando a cabo el primer vaciamiento poblacional de amplios sectores del territorio, al punto que se debe recurrir a la importación de negros traídos de África, en calidad de esclavos aceptados como tales, para suplir el vacio poblacional generado por el exterminio humano.
Es pertinente expresar, que esto que sucedió en el norte de nuestro país y el resto de América del sur, bajo el mandato de la prosapia decadente de los viejos señores feudales de la Europa Cuasi medieval, a partir del siglo XVI, continuará en lo que se conoce como la conquista del desierto en manos de la que aquí citaremos como la segunda oligarquía de la cual aportaremos una descripción somera
LA SEGUNDA OLIGARQUIA, EL PAIS EMERGENTE DE CASEROS Y PAVON, LA GENERACION DEL OCHENTA, LA EPICA NARRATIVA DE BIALLET MASSE. EL GRITO DE ALCORTA Y LA PATAGONIA TRAGICA, DOS EXPRESIONES DE LA MISMA REALIDAD.
Hemos hablado ya de la primera etapa, la oligarquía conquistadora, nos situaremos ahora a fines del siglo XIX principios del siglo XX. Veremos aquí lo que denominaremos como la oligarquía conservadora o terrateniente. Llamamos así, al emergente del fin de la guerra civil, el resultado político de las batallas de Caseros y Pavón. La sustancia de aquella pléyade que se reconfortó inmortalizándose como "La generación del 80"
Es allí en ese tiempo donde se consolida el modelo agroexportador, que en mas o en menos, sigue vigente hasta el día de hoy.
Tres cuestiones que alcanzan para describir con claridad estos momentos. Dos de ellas son hechos explosivos, explícitos, la tercera es una cuestión implícita inclusiva, explicativa del contexto de las otras dos.
Así tenemos dos luchas épicas, dadas en distintas geografías, con un paisaje totalmente diferente, en el marco de actividades muy diferentes, pero en un contexto similar, con las mismas relaciones de poder hacia adentro de las sociedades que las albergan. con una misma matriz de explotación y miseria.
Por un lado el grito de Alcorta, por el otro, la rebelión de los peones de la Patagonia Trágica.
Ambas, con procesos y desenlaces diferentes, al menos en el corto plazo, fueron prologadas y anilladas por una obra maestra de la investigación social, el injustamente olvidado informe, Biallet Masse.
De este informe extraordinario, oculto celosamente al conocimiento masivo, borrado de los anaqueles de las bibliotecas públicas, privadas y hasta académicas, se extrae una radiografía perfecta y monumental de la sustancia que lleva por título. "Situación de la clase trabajadora en las provincias de la Republica Argentina" Es decir, en mas o en menos una descripción de la ruralidad a fines del siglo XIX y principios del siglo XX.
Veamos una pequeña muestra de ese trabajo
EL CHACO…
“…Pero entristece el estado actual, en el que, a la par de las prodigalidades de la naturaleza, se hallan todas las ruindades de la codicia humana, para explotar el poderoso al débil, sin que le sirvan de vallas ni la ley ni el sentimiento de humanidad.
Si el del resto de la República no lo hiciera necesario, el estado actual del
Chaco exigiría una legislación obrera, enérgica y previsora, que cortara de
raíz los abusos rayanos al crimen y atentatorios de las facultades que sólo
pueden ejercer los poderosos soberanos. Y urge de toda urgencia hacerlo.
La rudimentaria población del Chaco se compone de tres elementos
esenciales: El indio paria; el correntino nómade, explotado como bestia;
algunos extranjeros, y pocos hijos de la región, que hacen la explotación.
Aquí, más que en el Chaco santafecino, se nota la inversión del Far West; el
país entrega al extraño sus mejores riquezas, sin medida y sin recompensa.
Me fijo en primer término en el indio, porque es el elemento más eficiente
del progreso e importante en el Chaco: sin él no hay ingenio azucarero,
ni algodonal ni maní, ni nada importante. Es él el cosechero irreemplazable
del algodón; nadie le supera en el hacha, ni en la cosecha del maní.
Si los propietarios del Chaco miraran este asunto con el más crudo de
los egoísmos, pero ilustrado, serían humanitarios por egoísmo, y cuidarían
a los indios siquiera como a animales insustituibles para labrar sus fortunas;
pero es seguro que no lo harán si la ley no lo impone y con mano fuerte.
Nada justifica el crimen; pero quien ha visto lo que sucede en el Chaco,
quien ha recorrido los toldos y oído las quejas de los indios, comprobándolas
muchas veces por sí, pocas veces contradichas por los que tienen interés
en hacerlo y casi nunca por los imparciales, se explica hechos como los de
los malogrados Ibarreta y Clerveaux y otros más atroces que pudieran producirse.
El excelentísimo Gobierno me ha nombrado para que le informe la verdad
y creo que se la debo completa ”. (1)
Pero la cuestión no se limita simplemente a la explotación y la supresión étnica del “indio”. El mismo grado de explotación e injusticia explicita, sufrieron los colonos europeos que llegaron a la Argentina huyendo de la pobreza y la miseria, con la esperanza de poder construir un futuro digno para sí y para sus hijos.
Si hay un hecho que transcribe la experiencia de los colonos europeos enfrentados a una ruralidad bárbara, explotadora, que los condenaba a la miseria y el atraso, es lo que se conoce como el grito de Alcorta.
El grito de Alcorta
La llegada de más de tres millones de inmigrantes dedicados en gran parte a la agricultura, llevaron la frontera agrícola de 2.100.000 ha. en 1888 a 20.000.000 en 1912.
Pero esta gigantesca incorporación de mano de obra se realizó a través de contratos leoninos de arrendamientos, quedando la propiedad en manos de la oligarquía terrateniente, que la había recibido de quienes habían gobernado el país desde la independencia a la conquista del desierto.
Estos contratos, verdaderos rosarios de explotación, se fundaban en un desmesurado costo del arrendamiento, la obligación de comprar los insumos y herramientas a los arrendadores a precios exorbitantes y de venderles lo producido a valores muy inferiores de los que realmente poseían.
Por más que se trabajara de sol a sol, los esfuerzos no alcanzaban ni para dar un mínimo de dignidad a las familias que llegadas desde Europa con la ilusión de construir un futuro próspero.
Una sucesión de malas cosechas, había dejado a los agricultores en una situación muy sensible, pero fue la formidable cosecha de 1912 la que motivo el repentino salto de conciencia, al comprobarse que a pesar de ella, luego de pagar las ingentes deudas nada quedaba en los bolsillos de los chacareros.
La estructura social del campo en el momento en que se desata la rebelión, estaba integrada por terratenientes, arrendatarios y subarrendatarios. Estos últimos se encontraban sometidos a los terratenientes a través de contratos que establecían, entre otras cosas, rentas impagables y la obligación de comprar herramientas e insumos a quien el terrateniente mandare, e imponían al colono las responsabilidades de una mala cosecha. Se llegó a un punto en que, por más que el colono trabajara de sol a sol y por buena que fuera la cosecha, al final de ésta no le quedaba ni lo más elemental para subsistir.
El proceso que desembocó en el Grito de Alcorta fue muy complejo, la mayoría de los arrendatarios y medieros eran extranjeros (en algunas zonas llegaban al 80%), y a su vez la Ley de Residencia, que permitía la deportación de extranjeros, causaba mucho temor.
El detonante del Grito de Alcorta fue la formidable cosecha de 1912, al comprobar los arrendatarios de la pampa húmeda que serían siempre víctimas de expoliaciones por parte de los terratenientes.
Todos los disconformes eran personas de bien y de trabajo, que no participaban en política, pero las circunstancias de injusticia los obligaron a participar en una gesta inédita y revolucionaria, que trascendería y marcaría no solo las crónicas argentinas, si no las de todo el mundo.
Expresada la similitud en las conductas opresoras de la primer y segunda oligarquía reinante en nuestro país, haremos una breve descripción de lo que fueron los hechos de lo que se conoce como la Patagonia trágica, cuestión de la que contamos con una crónica formidable del escritor Osvaldo Bayer.
La Patagonia Trágica, Los Hechos y su Resolución
“ En el año 1921 se produce la gran huelga de la Patagonia, que fue aplastada por una de las matanzas más grandes que recuerde la historia nacional.
La Patagonia era hacia la década del veinte un vasto territorio feudal. Unas pocas familias concentraban el grueso de las tierras. En enormes estancias se practicaba la cría extensiva del ganado ovino. Los escasos indios que ocupaban estas tierras fueron exterminados sin piedad y reemplazados por ovejas.
En la actual provincia de Santa cruz, entonces territorio nacional, el grueso de la población se concentraba en cuatro puertos: Deseado, Santa Cruz, San Julián y Río Gallegos.
Estaba presente el capital inglés, a través de la posesión de miles de hectáreas de tierra y el manejo del comercio exterior de lanas y carnes.
Hasta 1919 el dinero corrió en abundancia en el territorio, por los altos precios internacionales de la lana. Pero la prosperidad que vino con la primera guerra mundial se fue con ella.
La primera huelga
Desde 1918 existía la Sociedad Obrera de Oficios Varios de Río Gallegos. Esta recogió las demandas de los obreros rurales, que eran por demás modestas: sueldo mínimo de 100 pesos por mes, alojamiento humano (3 hombres por cuarto), un paquete de velas por mes, un día de descanso por semana, mejor alimentación, etc. Los obreros hicieron asambleas y resolvieron elevar a los estancieros los pliegos que contenían esas reivindicaciones. Estos los rechazaron. La huelga estalló y se extendió por todo el territorio.
El presidente de entonces no era otro que Hipólito Irigoyen. Presionado por los oligarcas de la Sociedad rural y los intereses ingleses envió tropas al sur. El gobernador Izza partió con 110 hombres el 21 de enero. El 29 de ese mismo mes lo hizo el teniente coronel Héctor Benigno Varela al mando del Regimiento 10 de Caballería, parte del Regimiento 2 de Artillería y una sección de ametralladoras. Las tropas intimaron a unos 600 huelguistas concentrados en la estancia "El Campamento" a deponer las armas como condición previa para discutir sus peticiones. Estos, reunidos en asamblea, resolvieron avenirse a la condición exigida. Así fue como se pudieron reunir en Río Gallegos la patronal, representantes de la FORA y el gobernador Izza. Y suscribieron el acuerdo, que recogía las humildes reivindicaciones de los obreros rurales. Tal acuerdo representaba un gran triunfo.
Segunda huelga
Las tropas se retiraron y los procesados fueron sobreseídos. Entonces fue que la Sociedad Rural instó a sus socios a desconocer el acuerdo y acusó de blandura a Varela.
Hacia agosto el conflicto se había reiniciado. En las estancias se hicieron asambleas y se resolvió la huelga general. Algunas veces se tomaron rehenes. Hubo un alto grado de organización y de disciplina entre el proletariado rural. Puede decirse que durante meses los obreros fueron los amos de la patagonia austral.
La patronal no quiso llegar a ningún acuerdo. En parte por no ceder a sus privilegios de clase. Y también debido al bajo precio de la lana hacia mediados de año y a la gran acumulación de stock.
Las tropas no tardaron en regresar. Nuevamente cupo a Varela la jefatura de las tropas. En esta ocasión se transformó en un auténtico asesino. Intimó a los huelguistas a rendirse y devolver armas, rehenes y caballadas. A medida que se entregaban, elegían a los considerados cabecillas y procedían a fusilarlos.
En la estancia La Anita se fusiló sin discriminación a los peones después de hacerles cavar sus propias fosas.
En Puerto Santa fueron señalados los dirigentes por empleados de la patronal y de inmediato fusilados (entre ellos Outerello, secretario del sindicato local)
En San Julián las topas cercaron a la peonada. Los obreros delegaron al secretario del sindicato, Albino Argüelles, y a un compañero para parlamentar con las tropas. Fueron asesinados de inmediato.
En Jaramillo se fusiló a 32 peones, entre ellos al dirigente Facón Grande, que también había ido a parlamentar.
Ecos de la matanza
Los periódicos obreros de la época calcularon en 1100 los huelguistas fusilados. Según otras versiones llegarían a 2 mil. En general los huelguistas evitaban el choque frontal, porque aunque eran numéricamente más poderosos que los militares, no estaban bien pertrechados como éstos.
Después de haber teñido de sangre el territorio, el asesino Varela firmó un bando prohibiendo toda tratativa entre obreros y patrones. Puso fuera de la ley a las organizaciones obreras y exigió a todo obrero o empleado que estuviese matriculado en la policía como requisito para obtener trabajo y que los estancieros remitiesen periódicamente una lista de su personal. La oligarquía se sintió así por demás satisfecha.
La matanza prosiguió hasta marzo del 22. En el Congreso Nacional los diputados socialistas denunciaron los hechos, pero los radicales impidieron investigar lo actuado por el ejército.
Honremos la memoria de estos queridos mártires de la Patagonia Trágica, con la convicción de que nuestro mejor homenaje será la construcción de una nueva sociedad donde el hombre sea hermano del hombre”.
Luis Giménez
Extraído de “El Militante”
http://argentina.elmilitante.org/historia-othermenu-55/266--1921-la-patagonia-trgica.html
Lo hasta aquí expuesto no tiene la intención de servir como fuente ni instructivo, pretende establecer una línea de tiempo común a distintos momentos de nuestra historia como país.
Estos son hechos extraordinarios pero que emergen de un mismo caudal, son el resultado de una forma unívoca de construcción de la ruralidad en la Argentina. Falta agregar a esto la última etapa de este proceso desolador, lo que llamamos la tercera oligarquía, la tecnológica, la oligarquía de Monsanto, la que parece destinada a recrear lo que algunos llaman la nueva ruralidad.
La construcción histórica de la ruralidad ha tenido puntos comunes, la expulsión o el aniquilamiento poblacional, generados a partir de condiciones infrahumanas de explotación, que generan un marcado despoblamiento de los ámbitos rurales, la transformación cada vez más masiva de la población rural en población urbana.
Los sectores poblacionales más vulnerables, sometidos a condiciones indignas de explotación o miseria, terminan huyendo de sus ámbitos naturales, o simplemente desaparecen por exterminio, al transformarse brutalmente su entorno, su paisaje, esta es la característica que más firmemente ha definido el ámbito rural en toda nuestra historia, la pobreza, la miseria, el exilio o muerte de los pobladores.
La aparición de la revolución verde, con sus secuelas de extensión de la frontera agrícola, concentración de la riqueza en pocas manos, como nunca había sucedido y la imposibilidad cada vez más notoria de subsistir de las más antiguas sociedades establecidas ancestralmente en el ámbito rural, son el último golpe, el definitivo, sobre la poblaciones rurales y originarias, al ritmo de la nueva agricultura, de la monstruosa tecnificación, de la producción química, de la modificación genética, que ha generado lo que se llama la agricultura sin agricultores, con expulsión de comunidades enteras por los desmontes y la instalación de los monocultivos, la construcción a fuerza de imponentes maquinas y venenos químicos de un paisaje totalmente hostil para los ancestrales habitantes de la tierra. Estos son los rasgos que definen la ruralidad en la actualidad.
Es en estos términos que pretendemos definirla, porque esa es la triste realidad que encarnan.
Frente a esto, tanto a nivel mundial, como en nuestro continente y nuestro propio país, hay quienes dicen ver una reacción, suelen discrepar en la descripción y la valorización de esa reacción, que en un primer paso habría que aclarar que no parece tener origen en el ámbito rural exactamente, sino mas bien en los ámbitos urbanos
Si algo diferencia a esta tercera etapa que mencionamos en este trabajo, está atada a la naturaleza de las nuevas formas de la explotación capitalista. Ya no se trata de la mera apropiación de la plusvalía por parte de una patronal avara y miserable, que entierra en la miseria a la clase trabajadora, no solo del ámbito rural, sino también en el urbano.
Esta nueva forma de explotación tiene un grado más en la espiral expoliadora. Ya no es solo el cuerpo del hombre sometido, no solo su mente alienada, es ahora también su entorno, su relación con el hábitat inmediato y mediato, la destrucción de ese hábitat, su transformación brutal e irreparable en aras de la maximización de las ganancias empresariales, es la tecnología reemplazando a la condición humana, es en síntesis la deshumanización de las relaciones e interacciones en los procesos de producción lo que terminan agravando en esta tercera etapa las durísimas condiciones de las etapas anteriores.
Estos cambios brutales impulsados por el desarrollo tecnológico apropiado por las clases dominantes, para la concentración irracional de la riqueza, son los que terminaran construyendo el sujeto activo de esa supuesta nueva ruralidad que debe ser mirada a la luz de la antropología rural.
Es hora de sincerar las miradas, la falsa antinomia urbano rural ya no encuentra forma de pararse frente a una realidad aplastante.
¿O pretendemos seguir forzando la interpretación de lo rural Vs. lo urbano bajo los viejos parámetros del paisaje desolado, la escasa población, las actividades agrícolas, las distancias excesivas?
La dinámica de las nuevas sociedades deja esas viejas cualidades sin condiciones para definir la dualidad. Muchos autores se han extendido expresando los conceptos novedosos de contra urbanización o nueva ruralidad, describen la voluntad de diversos grupos sociales de abandonar las ciudades y refugiarse en ámbitos que podrían definirse como rurales, son personas que viven alejadas de la ciudad y viajan a ellas a trabajar todos los días, otros que directamente se instalan en pueblos alejados cambiando de este modo hábitos y costumbres.
Quizás la más recurrente de estas novedades sean los que comúnmente llamamos countrys, o barrios cerrados. Urbanizaciones que mantienen un marcado aire rural, aunque estén a veces demasiado cerca de las ciudades.
Toda esta homogenización de paisajes, distancias, actividades, es lo que diluye los límites entre lo urbano y lo rural, lo que era blanco y negro en este aspecto, se termina transformando un gris continuo.
Pero esta transformación no se limita solo a estos parámetros y no puede ser observada, desde la antropología, solamente calculando distancias, paisajes y actividades.
Por el contrario hay otra carga muy fuerte que no puede ser obviada si queremos hablar de una antropología rural, cuando ponemos en discusión la mismísima ruralidad.
Cuando las grandes masas poblacionales cambian la ecuación, poblacional Rural / Urbano, es decir cuando la mayoría de la población deja de ser rural y pasa a ser urbana, esa transformación no es aséptica, desde el punto de vista de la mirada antropológica, no es gratuita y está lejos de serlo. Desde siempre, pero mucho más en esta tercera etapa de la oligarquía tecnológica, las sociedades expuestas a ese cambio, tienen enormes pérdidas y estas pérdidas son en principio económicas, pero también culturales, sociales, políticas y humanas.
Hacia mediados del siglo pasado se empieza a notar con mucha fuerza la migración interna, es allí cuando se profundiza la preponderancia de la población urbana sobre la rural, que se había mostrado incipiente desde principios del siglo XX.
Estas personas que llegan a las ciudades en el proceso de construcción de los nuevos hábitat urbanos, pueden aun sostener parte de sus hábitos, costumbres y cosmovisión. Algunos vienen a trabajar en las huertas de los llamados cinturones verdes, cercanos a las grandes ciudades, que son sus proveedores de alimentos frescos, otros muchos dedicados a otras actividades como ser la construcción, e incluso en la industria, tienen la posibilidad de acceder a una vivienda propia y radicarse definitivamente.
Estamos aquí en el punto sustancial donde definir las líneas de la encrucijada. Porque los descendientes de esos migrantes de mediados del siglo pasado son los que van a dibujar dicotomía esencial en el nuevo paisaje.
Los emergentes estratos de la sociedad argentina, surgen de esas masas uniformes de poblaciones migrantes de hace más de 70 años, los distintos componentes de nuestra sociedad tienen un origen común en esos grupos que migraron, que dejaron el ámbito rural, hoy se hallan acorralados en una realidad que los vuelve a homogeneizar, a pesar de las virtuales diferencias.
El rasgo brutal de la etapa de la oligarquía tecnológica, está atado a la amplitud del empobrecimiento social. Nuestra realidad aparece enterrada en una contradicción que denigra, una sociedad de la inteligencia, que puede jactarse de maravillosos artilugios tecnológicos, conformada por personas cada vez más incapaces de resolver problemas mínimos.
Esta es la verdadera antinomia que se pretende encubrir debajo de los términos urbano rural. Esa vieja capacidad, cada vez menos común, de desarrollar procesos por parte de las personas Vs. La sustitución de la habilidad humana, por el ingenio tecnológico.
Este es el nudo central de lo que queremos exponer aquí, cuando decimos que la antinomia urbano rural es naturalmente falsa, cuando afirmamos que la urbanización es una anomalía de la naturaleza generada por la acción del humano, decimos que definir la antinomia en los términos del paisaje, las distancias, los tipos de actividades es absolutamente pueril. La evolución de la sociedad humana es apenas un proceso de desarrollo del conocimiento, no hay evolución sin conocimiento. Desde la rueda y los metales hasta internet y la nanotecnología, el conocimiento es el vehículo de la evolución humana.
Las brutales oligarquías anteriores, de nuestro país, la de los conquistadores y la de los terratenientes, sometieron, esclavizaron, explotaron y hasta exterminaron a los pueblos, pero no pudieron privarlos de ser parte de ese conocimiento, no pudieron impedir que aun el más humilde labrador, herrero, carpintero, u obrero industrial, fuera depositario de parte del conocimiento que vehiculizó la evolución de esas sociedades.
Hoy esta nueva oligarquía en su objetivo de seguir incrementando ganancias, necesita apropiarse del conocimiento, necesita tener la propiedad exclusiva del conocimiento y lo busca bregando por las patentes, pero también por la transformación del medio ambiente de manera de poder actuar como verdadero Dios, transformando todos los procesos naturales, esos que son de libre apropiación por la humanidad, en desarrollos tecnológicos que estén bajo su absoluto dominio.
Entonces definitivamente, la antinomia deja de ser urbano rural, porque la anomalía primitiva se lo devoró todo, no hay forma de que lo urbano sea mas urbano y lo rural sea menos rural, mirado bajo la óptica de los viejos conceptos, no hay forma de volver atrás, sino se trastocan los parámetros.
Volver a lo rural es volver a construir modelos económicos naturales donde los procesos biológicos estén a salvo de la intervención fatídica de las tecnologías de punta.
Este es el desafío que planteamos, la necesidad de recuperar la ruralidad ancestral, el conocimiento de los pueblos en riesgo de extinguirse o perderse, recuperar la ruralidad, sin anteponerla a la urbanidad, porque solo se contraponen en el marco de los parámetros pueriles del paisaje, las distancias, o las actividades económicas. Entender esa antinomia como un proceso transformador circular, que se retroalimenta continuamente, porque nada en la naturaleza humana puede ser lineal, a pesar de lo que nos imponen el marketing y las estrategias corporativas.
Quedan por definir los escenarios donde se puede dar esa pelea vital por la recuperación de la ruralidad ancestral. Estos escenarios se pueden considerar, sobre todo en nuestro país, como relativamente recientes. Es a ellos, a los escenarios donde se da, a los que muchos autores han denominado nueva ruralidad, sin afectación en esta definición incompleta, de la lucha por la democratización y la universalización del conocimiento, sin mención a la necesidad de recuperación del conocimiento ancestral, libre y circular. La nueva ruralidad no puede ser un escenario, sino el proceso que en él se desarrolla.
Todos los procesos migratorios internos mencionados, han generado una matriz de distribución poblacional, que asemeja una figura de cuadros dentro de cuadros. La expulsión de la población hacia los centros urbanos, genera el despoblamiento de las provincias y las superpoblación de lo que se conoce como el área AMBA, al punto que esta contiene a casi el 40 por ciento de la población del país con algo así como el 10 por ciento de la superficie total. Sucede, en menor medida, algo parecido con otros espacios reconocido como conurbanos de grandes ciudades como Rosario, Córdoba y Mendoza. Pero esta asimetría a nivel nacional, también se repite a nivel local, el fenómeno relativamente nuevo, que describe aquellos escenarios de la nueva ruralidad de la que hablamos, es la aparición de los mencionados countrys, o barrios cerrados. Estas urbanizaciones destinadas a sectores minoritarios de la sociedad, expresan el ideario de la nueva ruralidad que no es tal.
Los countrys, los barrios cerrados, las urbanizaciones vip, son estrategias comerciales, pero expresan una necesidad humana, la del contacto con la naturaleza, que es una de las clásicas definiciones de lo rural.
No se trata de renegar de ello, se trata de ponerlo en contexto, entender que esta dinámica poblacional termina generando situaciones como que separados por una calle de 7 metros de ancho, tenemos urbanizaciones barriales con una densidad demográfica de 10 personas por km cuadrado y otra de 2500 personas por kilometro cuadrado. Esto es básicamente inequidad social, pero es también mucho mas. Esas densidades demográficas tan diferentes albergan cada una de ellas a los emergentes diferenciados de aquellas migraciones, es decir son dos sociedades separadas por la situación económica y la condición social, pero muchas veces con un origen común, provienen de aquella ruralidad ancestral, han perdido sus rasgos culturales, han quedado ambos fuera de la portación del conocimiento, es ahí en esa disparidad con origen común, donde se halla la arcilla en la que se podrá moldear la verdadera nueva ruralidad.
Estos dos paisajes tan distintos, donde a un lado de la calle duermen vacios, inmensos campos de deportes, cercados con alambrados, custodiados por cámaras, alarmas y guardias armados y del otro lado de la calle, un grupo de chicos juegan a la pelota en la vereda, esquivando pozos, perros y vecinos enojados. ¿Qué es lo urbano y que es lo rural en esa dialéctica donde tesis y antítesis están separadas apenas por 7 metros, donde yace entonces la nueva ruralidad? La respuesta es compleja pero univoca, ni a un lado ni al otro, tal vez en la calle misma, seguramente en el encuentro, en la fusión, de esos universos contiguos, fusión que es inevitable, serán unos jardineros, domésticas, pileteros albañiles etc. de los otros, van a interactuar, y a veces más, a veces menos, de esa interacción surgirán las posibilidades de achicar la brecha, la nueva ruralidad, que es la ancestral, los viejos hábitos de consumo, la portación del conocimiento, los deseos y la necesidad inherente de una vida armónica con la naturaleza serán lazos que acortaran las distancias.
Este es el punto, porque esas sociedades diferenciadas, con todas sus escalas, encontrarán formas de acercarse, si la voluntad por un mundo mejor, por una vida más sana y cercana a la naturaleza, no es solo una moda pasajera o un snobismo perturbador, si se puede llevar a lo profundo de cada uno, al rasgo humano de la sociedad, al sentir profundo de una cosmovisión que trascienda lo temporal y lo material. Este es el gran secreto, la única posibilidad de construir una nueva ruralidad, que emerja de las tres etapas históricas y del mandato de sus respectivas oligarquías, con una concepción profunda, amplia y totalizadora de la vida misma. La nueva ruralidad no puede ser el resultado del ejercicio del poder de nadie, no puede repetir las variables que se han marcado históricamente, la invasión, el sometimiento, la esclavitud y el exterminio.
La nueva ruralidad emanará del respeto a la madre tierra, a sus hijos todos, al trabajo humano, al conocimiento como valor moral, no como artilugio de poder, la nueva ruralidad será la última oportunidad para la civilización y todas sus criaturas o no será. No habrá nueva ruralidad donde las semillas se patenten, no habrá nueva ruralidad si no se recupera el legado histórico cultural de los cultivos.
No habrá nueva ruralidad si el Maíz, es solo un grano que se exporta para alimentar los chanchos chinos.
No habrá nueva ruralidad, sin una nueva humanidad.
Título del trabajo. ¨" La ruralidad urbana"
GT 7. Modalidades de intervención, políticas públicas y extensión rural
Autor Jorge Derra jorgederra@gmail.com Aldea Escobar ONG
Nombre del archivo: Derra2_PON_G7
Cuando hablamos de la dualidad rural - urbano necesitamos observar algunas cuestiones que por lo general, suelen pasar desapercibidas. Se postula que estos dos términos conforman naturalmente una antinomia o una dualidad sustantiva. En este trabajo pretendemos establecer que esto no es así, no lo es al menos en sentido estricto.
Si hablamos desde el punto de vista de la naturaleza, los hombres primitivos solo concebían lo rural, para la naturaleza lo urbano es una anomalía, es una construcción cultural, concebida por el humano. Por ello sostenemos que naturalmente no existe tal dualidad, la antinomia no es genuina y hay que recurrir a la acción del hombre para validarla.
Lo que resulta paradojal es que es la aparición de la agricultura, uno de los recursos para definir hoy lo rural, lo que permite el inicio de ese proceso que desemboca en la urbanidad, al cambiar el carácter nómade de aquellos primitivos, por el progresivo sedentarismo.
Si aceptamos que lo urbano es una anomalía, generada por la actividad del humano, en este contexto, los marcos conceptuales de la divergencia urbano - rural deben analizarse bajo esa restricción.
La dualidad, urbano - rural, es una construcción afectada por lo político, lo social y lo económico, además de lo geográfico y cultural. Entonces cuando pretendamos describir estos términos debemos tener en cuenta estos aspectos.
Para comprender el comportamiento históricos de los parámetros que a nuestro entender definen los conceptos urbano y rural describimos tres procesos históricos, en ellos, un eje común en sus relaciones sociales y de poder, y en ese eje, cuatro elementos. La invasión, la dominación, la esclavitud, y el exterminio étnico demográfico. Se intentará descubrir ejes comunes entre las antiguas formas de ruralidad, y las actuales, expresando que las relaciones entre los distintos sujetos históricos de los procesos hasta aquí vividos, tienen formas comunes e indeseables. La esclavitud, el sometimiento por la fuerza, la depredación de la condición humana, el asesinato de millones de personas, el exterminio de centenares de pueblos, la acumulación impúdica de riquezas y poder, de parte de unos, a costa del genocidio y la aniquilación física, histórica y cultural de otros.
Otro eje común en los distintos procesos, es el vaciamiento demográfico de amplias zonas del país, ya sea a consecuencia, del exterminio físico o de la expulsión impiadosa, en lo que termina siendo un horrendo formato de limpieza étnica.
CONSTRUYENDO LA RURALIDAD, LOS TRES PROCESOS HISTÓRICOS.
Todo comienza con la llegada de los primeros europeos a estas zonas de América. La instalación de aquello que en este trabajo llamaremos la primera oligarquía, a sabiendas de que habrá una segunda y una tercera.
PRIMERA OLIGARQUIA.
LA INVASION COMO ESTRATEGIA, EL EUROCENTRISMO COMO DOGMA, EL ESCLAVISMO COMO HERRAMIENTA.
Las distintas manifestaciones del esclavismo en nuestro país se pueden rastrear cronológicamente.
Dentro de lo que se considera el derecho indiano, en 1512 se dicta el sistema de "repartimientos" por parte del reino español sobre las posesiones de América, conquistadas y por conquistar.
Las tierras conquistadas fueron divididas por los gobernadores en partes y los jefes de aldea o "Caciques" estaban obligados a entregar a los españoles como esclavos, el número de indígenas que estos exigieran.
Para repartir y encomendar a los indios, se los cazaba mediante las denominadas "Malocas", verdaderas cacerías a caballo de los indios.
En 1531 el Papa Pablo III, emitió una bula por la cual declaraba a los indios, pertenecientes a la especie humana y en virtud de ello, libres de esclavitud. También, el consejo imperial español para las Indias, se pronuncia mas tarde en tal sentido.
En vez de los repartimientos dirigidos a la esclavitud directa de la población, se introdujeron las llamadas "Encomiendas"
En las encomiendas se reconocía la libertad de los indios, e incluso la propiedad de la tierra, pero como se los declara incapaces, se los ponía bajo la tutela de los españoles, por lo general hijos de los primeros conquistadores, que terminaban explotándolos peor que si fueran esclavos.
No habrá para los indios, ni libertad formal, ni derecho a propiedad alguna, solo maloca.
Tal es la fiereza del trato a los indios encomendados, que el mismo Felipe II advierte tanto al obispo como al gobernador del Rio de la Plata en 1582, con sendas cedulas reales idénticas, extendidas a cada uno de ellos, donde les imprecaba, en defensa de los indios.
"Los tratan peor que esclavos y como tales se hallan, muchos vendidos y comprados, de unos encomenderos a otros y algunos muertos a azotes y mujeres que mueren y revientan con las pesadas cargas y a otras y sus hijos les hacen servir en sus granjerías y duermen en los campos y allí paren y crían mordidos de sabandijas ponzoñosas, y mucho se ahorcan y otros se dejan morir sin comer y otras toman yerbas venenosas, y que hay madres que matan a sus hijos en pariéndoles, diciendo que lo hacen para librarlos de los trabajos que ellos padecen"
¿Pero cuál era el objetivo de semejante ensañamiento. cuáles eran las tareas que necesitaban de semejante grado de sometimiento y resignación?.
Si primero los indios eran sometidos a la esclavitud para realizar fortificaciones, iglesias, y tareas publicas en general, cuando se descubría algún cultivo, que pudiera ser exportado, eran colocados a trabajar en el mismo, hasta la extenuación. Tal lo que sucedió en Tucumán con el cultivo de algodón.
El algodón marca con su introducción una época en la historia del Tucumán, pues hasta finalizar el siglo XVI y principios del XVII el algodón es el cimiento sobre el cual descansa su comercio, su moneda, sus encomiendas, en una palabra, su economía y en ese momento empezó para los indios de Tucumán una explotación intensiva y despiadada que fue una de las causas de la extinción. La rueca se hizo en Tucumán símbolo de esclavitud y motivo inextinguible de odio.
Lo que para Tucumán se dice, bien cabe para todo el territorio en manos de los señores encomenderos. Desde Lima hasta Buenos Aires, desde Córdoba a Potosí. Aquí en la producción de alimentos o cultivos industriales, allí en el infierno de las minas, donde fuera, la maloca, la encomienda, la esclavitud fáctica de los indios, fueron las herramientas que al tiempo que construían esa primera ruralidad eurocentrista, exterminaban pueblos enteros, llevando a cabo el primer vaciamiento poblacional de amplios sectores del territorio, al punto que se debe recurrir a la importación de negros traídos de África, en calidad de esclavos aceptados como tales, para suplir el vacio poblacional generado por el exterminio humano.
Es pertinente expresar, que esto que sucedió en el norte de nuestro país y el resto de América del sur, bajo el mandato de la prosapia decadente de los viejos señores feudales de la Europa Cuasi medieval, a partir del siglo XVI, continuará en lo que se conoce como la conquista del desierto en manos de la que aquí citaremos como la segunda oligarquía de la cual aportaremos una descripción somera
LA SEGUNDA OLIGARQUIA, EL PAIS EMERGENTE DE CASEROS Y PAVON, LA GENERACION DEL OCHENTA, LA EPICA NARRATIVA DE BIALLET MASSE. EL GRITO DE ALCORTA Y LA PATAGONIA TRAGICA, DOS EXPRESIONES DE LA MISMA REALIDAD.
Hemos hablado ya de la primera etapa, la oligarquía conquistadora, nos situaremos ahora a fines del siglo XIX principios del siglo XX. Veremos aquí lo que denominaremos como la oligarquía conservadora o terrateniente. Llamamos así, al emergente del fin de la guerra civil, el resultado político de las batallas de Caseros y Pavón. La sustancia de aquella pléyade que se reconfortó inmortalizándose como "La generación del 80"
Es allí en ese tiempo donde se consolida el modelo agroexportador, que en mas o en menos, sigue vigente hasta el día de hoy.
Tres cuestiones que alcanzan para describir con claridad estos momentos. Dos de ellas son hechos explosivos, explícitos, la tercera es una cuestión implícita inclusiva, explicativa del contexto de las otras dos.
Así tenemos dos luchas épicas, dadas en distintas geografías, con un paisaje totalmente diferente, en el marco de actividades muy diferentes, pero en un contexto similar, con las mismas relaciones de poder hacia adentro de las sociedades que las albergan. con una misma matriz de explotación y miseria.
Por un lado el grito de Alcorta, por el otro, la rebelión de los peones de la Patagonia Trágica.
Ambas, con procesos y desenlaces diferentes, al menos en el corto plazo, fueron prologadas y anilladas por una obra maestra de la investigación social, el injustamente olvidado informe, Biallet Masse.
De este informe extraordinario, oculto celosamente al conocimiento masivo, borrado de los anaqueles de las bibliotecas públicas, privadas y hasta académicas, se extrae una radiografía perfecta y monumental de la sustancia que lleva por título. "Situación de la clase trabajadora en las provincias de la Republica Argentina" Es decir, en mas o en menos una descripción de la ruralidad a fines del siglo XIX y principios del siglo XX.
Veamos una pequeña muestra de ese trabajo
EL CHACO…
“…Pero entristece el estado actual, en el que, a la par de las prodigalidades de la naturaleza, se hallan todas las ruindades de la codicia humana, para explotar el poderoso al débil, sin que le sirvan de vallas ni la ley ni el sentimiento de humanidad.
Si el del resto de la República no lo hiciera necesario, el estado actual del
Chaco exigiría una legislación obrera, enérgica y previsora, que cortara de
raíz los abusos rayanos al crimen y atentatorios de las facultades que sólo
pueden ejercer los poderosos soberanos. Y urge de toda urgencia hacerlo.
La rudimentaria población del Chaco se compone de tres elementos
esenciales: El indio paria; el correntino nómade, explotado como bestia;
algunos extranjeros, y pocos hijos de la región, que hacen la explotación.
Aquí, más que en el Chaco santafecino, se nota la inversión del Far West; el
país entrega al extraño sus mejores riquezas, sin medida y sin recompensa.
Me fijo en primer término en el indio, porque es el elemento más eficiente
del progreso e importante en el Chaco: sin él no hay ingenio azucarero,
ni algodonal ni maní, ni nada importante. Es él el cosechero irreemplazable
del algodón; nadie le supera en el hacha, ni en la cosecha del maní.
Si los propietarios del Chaco miraran este asunto con el más crudo de
los egoísmos, pero ilustrado, serían humanitarios por egoísmo, y cuidarían
a los indios siquiera como a animales insustituibles para labrar sus fortunas;
pero es seguro que no lo harán si la ley no lo impone y con mano fuerte.
Nada justifica el crimen; pero quien ha visto lo que sucede en el Chaco,
quien ha recorrido los toldos y oído las quejas de los indios, comprobándolas
muchas veces por sí, pocas veces contradichas por los que tienen interés
en hacerlo y casi nunca por los imparciales, se explica hechos como los de
los malogrados Ibarreta y Clerveaux y otros más atroces que pudieran producirse.
El excelentísimo Gobierno me ha nombrado para que le informe la verdad
y creo que se la debo completa ”. (1)
Pero la cuestión no se limita simplemente a la explotación y la supresión étnica del “indio”. El mismo grado de explotación e injusticia explicita, sufrieron los colonos europeos que llegaron a la Argentina huyendo de la pobreza y la miseria, con la esperanza de poder construir un futuro digno para sí y para sus hijos.
Si hay un hecho que transcribe la experiencia de los colonos europeos enfrentados a una ruralidad bárbara, explotadora, que los condenaba a la miseria y el atraso, es lo que se conoce como el grito de Alcorta.
El grito de Alcorta
La llegada de más de tres millones de inmigrantes dedicados en gran parte a la agricultura, llevaron la frontera agrícola de 2.100.000 ha. en 1888 a 20.000.000 en 1912.
Pero esta gigantesca incorporación de mano de obra se realizó a través de contratos leoninos de arrendamientos, quedando la propiedad en manos de la oligarquía terrateniente, que la había recibido de quienes habían gobernado el país desde la independencia a la conquista del desierto.
Estos contratos, verdaderos rosarios de explotación, se fundaban en un desmesurado costo del arrendamiento, la obligación de comprar los insumos y herramientas a los arrendadores a precios exorbitantes y de venderles lo producido a valores muy inferiores de los que realmente poseían.
Por más que se trabajara de sol a sol, los esfuerzos no alcanzaban ni para dar un mínimo de dignidad a las familias que llegadas desde Europa con la ilusión de construir un futuro próspero.
Una sucesión de malas cosechas, había dejado a los agricultores en una situación muy sensible, pero fue la formidable cosecha de 1912 la que motivo el repentino salto de conciencia, al comprobarse que a pesar de ella, luego de pagar las ingentes deudas nada quedaba en los bolsillos de los chacareros.
La estructura social del campo en el momento en que se desata la rebelión, estaba integrada por terratenientes, arrendatarios y subarrendatarios. Estos últimos se encontraban sometidos a los terratenientes a través de contratos que establecían, entre otras cosas, rentas impagables y la obligación de comprar herramientas e insumos a quien el terrateniente mandare, e imponían al colono las responsabilidades de una mala cosecha. Se llegó a un punto en que, por más que el colono trabajara de sol a sol y por buena que fuera la cosecha, al final de ésta no le quedaba ni lo más elemental para subsistir.
El proceso que desembocó en el Grito de Alcorta fue muy complejo, la mayoría de los arrendatarios y medieros eran extranjeros (en algunas zonas llegaban al 80%), y a su vez la Ley de Residencia, que permitía la deportación de extranjeros, causaba mucho temor.
El detonante del Grito de Alcorta fue la formidable cosecha de 1912, al comprobar los arrendatarios de la pampa húmeda que serían siempre víctimas de expoliaciones por parte de los terratenientes.
Todos los disconformes eran personas de bien y de trabajo, que no participaban en política, pero las circunstancias de injusticia los obligaron a participar en una gesta inédita y revolucionaria, que trascendería y marcaría no solo las crónicas argentinas, si no las de todo el mundo.
Expresada la similitud en las conductas opresoras de la primer y segunda oligarquía reinante en nuestro país, haremos una breve descripción de lo que fueron los hechos de lo que se conoce como la Patagonia trágica, cuestión de la que contamos con una crónica formidable del escritor Osvaldo Bayer.
La Patagonia Trágica, Los Hechos y su Resolución
“ En el año 1921 se produce la gran huelga de la Patagonia, que fue aplastada por una de las matanzas más grandes que recuerde la historia nacional.
La Patagonia era hacia la década del veinte un vasto territorio feudal. Unas pocas familias concentraban el grueso de las tierras. En enormes estancias se practicaba la cría extensiva del ganado ovino. Los escasos indios que ocupaban estas tierras fueron exterminados sin piedad y reemplazados por ovejas.
En la actual provincia de Santa cruz, entonces territorio nacional, el grueso de la población se concentraba en cuatro puertos: Deseado, Santa Cruz, San Julián y Río Gallegos.
Estaba presente el capital inglés, a través de la posesión de miles de hectáreas de tierra y el manejo del comercio exterior de lanas y carnes.
Hasta 1919 el dinero corrió en abundancia en el territorio, por los altos precios internacionales de la lana. Pero la prosperidad que vino con la primera guerra mundial se fue con ella.
La primera huelga
Desde 1918 existía la Sociedad Obrera de Oficios Varios de Río Gallegos. Esta recogió las demandas de los obreros rurales, que eran por demás modestas: sueldo mínimo de 100 pesos por mes, alojamiento humano (3 hombres por cuarto), un paquete de velas por mes, un día de descanso por semana, mejor alimentación, etc. Los obreros hicieron asambleas y resolvieron elevar a los estancieros los pliegos que contenían esas reivindicaciones. Estos los rechazaron. La huelga estalló y se extendió por todo el territorio.
El presidente de entonces no era otro que Hipólito Irigoyen. Presionado por los oligarcas de la Sociedad rural y los intereses ingleses envió tropas al sur. El gobernador Izza partió con 110 hombres el 21 de enero. El 29 de ese mismo mes lo hizo el teniente coronel Héctor Benigno Varela al mando del Regimiento 10 de Caballería, parte del Regimiento 2 de Artillería y una sección de ametralladoras. Las tropas intimaron a unos 600 huelguistas concentrados en la estancia "El Campamento" a deponer las armas como condición previa para discutir sus peticiones. Estos, reunidos en asamblea, resolvieron avenirse a la condición exigida. Así fue como se pudieron reunir en Río Gallegos la patronal, representantes de la FORA y el gobernador Izza. Y suscribieron el acuerdo, que recogía las humildes reivindicaciones de los obreros rurales. Tal acuerdo representaba un gran triunfo.
Segunda huelga
Las tropas se retiraron y los procesados fueron sobreseídos. Entonces fue que la Sociedad Rural instó a sus socios a desconocer el acuerdo y acusó de blandura a Varela.
Hacia agosto el conflicto se había reiniciado. En las estancias se hicieron asambleas y se resolvió la huelga general. Algunas veces se tomaron rehenes. Hubo un alto grado de organización y de disciplina entre el proletariado rural. Puede decirse que durante meses los obreros fueron los amos de la patagonia austral.
La patronal no quiso llegar a ningún acuerdo. En parte por no ceder a sus privilegios de clase. Y también debido al bajo precio de la lana hacia mediados de año y a la gran acumulación de stock.
Las tropas no tardaron en regresar. Nuevamente cupo a Varela la jefatura de las tropas. En esta ocasión se transformó en un auténtico asesino. Intimó a los huelguistas a rendirse y devolver armas, rehenes y caballadas. A medida que se entregaban, elegían a los considerados cabecillas y procedían a fusilarlos.
En la estancia La Anita se fusiló sin discriminación a los peones después de hacerles cavar sus propias fosas.
En Puerto Santa fueron señalados los dirigentes por empleados de la patronal y de inmediato fusilados (entre ellos Outerello, secretario del sindicato local)
En San Julián las topas cercaron a la peonada. Los obreros delegaron al secretario del sindicato, Albino Argüelles, y a un compañero para parlamentar con las tropas. Fueron asesinados de inmediato.
En Jaramillo se fusiló a 32 peones, entre ellos al dirigente Facón Grande, que también había ido a parlamentar.
Ecos de la matanza
Los periódicos obreros de la época calcularon en 1100 los huelguistas fusilados. Según otras versiones llegarían a 2 mil. En general los huelguistas evitaban el choque frontal, porque aunque eran numéricamente más poderosos que los militares, no estaban bien pertrechados como éstos.
Después de haber teñido de sangre el territorio, el asesino Varela firmó un bando prohibiendo toda tratativa entre obreros y patrones. Puso fuera de la ley a las organizaciones obreras y exigió a todo obrero o empleado que estuviese matriculado en la policía como requisito para obtener trabajo y que los estancieros remitiesen periódicamente una lista de su personal. La oligarquía se sintió así por demás satisfecha.
La matanza prosiguió hasta marzo del 22. En el Congreso Nacional los diputados socialistas denunciaron los hechos, pero los radicales impidieron investigar lo actuado por el ejército.
Honremos la memoria de estos queridos mártires de la Patagonia Trágica, con la convicción de que nuestro mejor homenaje será la construcción de una nueva sociedad donde el hombre sea hermano del hombre”.
Luis Giménez
Extraído de “El Militante”
http://argentina.elmilitante.org/historia-othermenu-55/266--1921-la-patagonia-trgica.html
Lo hasta aquí expuesto no tiene la intención de servir como fuente ni instructivo, pretende establecer una línea de tiempo común a distintos momentos de nuestra historia como país.
Estos son hechos extraordinarios pero que emergen de un mismo caudal, son el resultado de una forma unívoca de construcción de la ruralidad en la Argentina. Falta agregar a esto la última etapa de este proceso desolador, lo que llamamos la tercera oligarquía, la tecnológica, la oligarquía de Monsanto, la que parece destinada a recrear lo que algunos llaman la nueva ruralidad.
La construcción histórica de la ruralidad ha tenido puntos comunes, la expulsión o el aniquilamiento poblacional, generados a partir de condiciones infrahumanas de explotación, que generan un marcado despoblamiento de los ámbitos rurales, la transformación cada vez más masiva de la población rural en población urbana.
Los sectores poblacionales más vulnerables, sometidos a condiciones indignas de explotación o miseria, terminan huyendo de sus ámbitos naturales, o simplemente desaparecen por exterminio, al transformarse brutalmente su entorno, su paisaje, esta es la característica que más firmemente ha definido el ámbito rural en toda nuestra historia, la pobreza, la miseria, el exilio o muerte de los pobladores.
La aparición de la revolución verde, con sus secuelas de extensión de la frontera agrícola, concentración de la riqueza en pocas manos, como nunca había sucedido y la imposibilidad cada vez más notoria de subsistir de las más antiguas sociedades establecidas ancestralmente en el ámbito rural, son el último golpe, el definitivo, sobre la poblaciones rurales y originarias, al ritmo de la nueva agricultura, de la monstruosa tecnificación, de la producción química, de la modificación genética, que ha generado lo que se llama la agricultura sin agricultores, con expulsión de comunidades enteras por los desmontes y la instalación de los monocultivos, la construcción a fuerza de imponentes maquinas y venenos químicos de un paisaje totalmente hostil para los ancestrales habitantes de la tierra. Estos son los rasgos que definen la ruralidad en la actualidad.
Es en estos términos que pretendemos definirla, porque esa es la triste realidad que encarnan.
Frente a esto, tanto a nivel mundial, como en nuestro continente y nuestro propio país, hay quienes dicen ver una reacción, suelen discrepar en la descripción y la valorización de esa reacción, que en un primer paso habría que aclarar que no parece tener origen en el ámbito rural exactamente, sino mas bien en los ámbitos urbanos
Si algo diferencia a esta tercera etapa que mencionamos en este trabajo, está atada a la naturaleza de las nuevas formas de la explotación capitalista. Ya no se trata de la mera apropiación de la plusvalía por parte de una patronal avara y miserable, que entierra en la miseria a la clase trabajadora, no solo del ámbito rural, sino también en el urbano.
Esta nueva forma de explotación tiene un grado más en la espiral expoliadora. Ya no es solo el cuerpo del hombre sometido, no solo su mente alienada, es ahora también su entorno, su relación con el hábitat inmediato y mediato, la destrucción de ese hábitat, su transformación brutal e irreparable en aras de la maximización de las ganancias empresariales, es la tecnología reemplazando a la condición humana, es en síntesis la deshumanización de las relaciones e interacciones en los procesos de producción lo que terminan agravando en esta tercera etapa las durísimas condiciones de las etapas anteriores.
Estos cambios brutales impulsados por el desarrollo tecnológico apropiado por las clases dominantes, para la concentración irracional de la riqueza, son los que terminaran construyendo el sujeto activo de esa supuesta nueva ruralidad que debe ser mirada a la luz de la antropología rural.
Es hora de sincerar las miradas, la falsa antinomia urbano rural ya no encuentra forma de pararse frente a una realidad aplastante.
¿O pretendemos seguir forzando la interpretación de lo rural Vs. lo urbano bajo los viejos parámetros del paisaje desolado, la escasa población, las actividades agrícolas, las distancias excesivas?
La dinámica de las nuevas sociedades deja esas viejas cualidades sin condiciones para definir la dualidad. Muchos autores se han extendido expresando los conceptos novedosos de contra urbanización o nueva ruralidad, describen la voluntad de diversos grupos sociales de abandonar las ciudades y refugiarse en ámbitos que podrían definirse como rurales, son personas que viven alejadas de la ciudad y viajan a ellas a trabajar todos los días, otros que directamente se instalan en pueblos alejados cambiando de este modo hábitos y costumbres.
Quizás la más recurrente de estas novedades sean los que comúnmente llamamos countrys, o barrios cerrados. Urbanizaciones que mantienen un marcado aire rural, aunque estén a veces demasiado cerca de las ciudades.
Toda esta homogenización de paisajes, distancias, actividades, es lo que diluye los límites entre lo urbano y lo rural, lo que era blanco y negro en este aspecto, se termina transformando un gris continuo.
Pero esta transformación no se limita solo a estos parámetros y no puede ser observada, desde la antropología, solamente calculando distancias, paisajes y actividades.
Por el contrario hay otra carga muy fuerte que no puede ser obviada si queremos hablar de una antropología rural, cuando ponemos en discusión la mismísima ruralidad.
Cuando las grandes masas poblacionales cambian la ecuación, poblacional Rural / Urbano, es decir cuando la mayoría de la población deja de ser rural y pasa a ser urbana, esa transformación no es aséptica, desde el punto de vista de la mirada antropológica, no es gratuita y está lejos de serlo. Desde siempre, pero mucho más en esta tercera etapa de la oligarquía tecnológica, las sociedades expuestas a ese cambio, tienen enormes pérdidas y estas pérdidas son en principio económicas, pero también culturales, sociales, políticas y humanas.
Hacia mediados del siglo pasado se empieza a notar con mucha fuerza la migración interna, es allí cuando se profundiza la preponderancia de la población urbana sobre la rural, que se había mostrado incipiente desde principios del siglo XX.
Estas personas que llegan a las ciudades en el proceso de construcción de los nuevos hábitat urbanos, pueden aun sostener parte de sus hábitos, costumbres y cosmovisión. Algunos vienen a trabajar en las huertas de los llamados cinturones verdes, cercanos a las grandes ciudades, que son sus proveedores de alimentos frescos, otros muchos dedicados a otras actividades como ser la construcción, e incluso en la industria, tienen la posibilidad de acceder a una vivienda propia y radicarse definitivamente.
Estamos aquí en el punto sustancial donde definir las líneas de la encrucijada. Porque los descendientes de esos migrantes de mediados del siglo pasado son los que van a dibujar dicotomía esencial en el nuevo paisaje.
Los emergentes estratos de la sociedad argentina, surgen de esas masas uniformes de poblaciones migrantes de hace más de 70 años, los distintos componentes de nuestra sociedad tienen un origen común en esos grupos que migraron, que dejaron el ámbito rural, hoy se hallan acorralados en una realidad que los vuelve a homogeneizar, a pesar de las virtuales diferencias.
El rasgo brutal de la etapa de la oligarquía tecnológica, está atado a la amplitud del empobrecimiento social. Nuestra realidad aparece enterrada en una contradicción que denigra, una sociedad de la inteligencia, que puede jactarse de maravillosos artilugios tecnológicos, conformada por personas cada vez más incapaces de resolver problemas mínimos.
Esta es la verdadera antinomia que se pretende encubrir debajo de los términos urbano rural. Esa vieja capacidad, cada vez menos común, de desarrollar procesos por parte de las personas Vs. La sustitución de la habilidad humana, por el ingenio tecnológico.
Este es el nudo central de lo que queremos exponer aquí, cuando decimos que la antinomia urbano rural es naturalmente falsa, cuando afirmamos que la urbanización es una anomalía de la naturaleza generada por la acción del humano, decimos que definir la antinomia en los términos del paisaje, las distancias, los tipos de actividades es absolutamente pueril. La evolución de la sociedad humana es apenas un proceso de desarrollo del conocimiento, no hay evolución sin conocimiento. Desde la rueda y los metales hasta internet y la nanotecnología, el conocimiento es el vehículo de la evolución humana.
Las brutales oligarquías anteriores, de nuestro país, la de los conquistadores y la de los terratenientes, sometieron, esclavizaron, explotaron y hasta exterminaron a los pueblos, pero no pudieron privarlos de ser parte de ese conocimiento, no pudieron impedir que aun el más humilde labrador, herrero, carpintero, u obrero industrial, fuera depositario de parte del conocimiento que vehiculizó la evolución de esas sociedades.
Hoy esta nueva oligarquía en su objetivo de seguir incrementando ganancias, necesita apropiarse del conocimiento, necesita tener la propiedad exclusiva del conocimiento y lo busca bregando por las patentes, pero también por la transformación del medio ambiente de manera de poder actuar como verdadero Dios, transformando todos los procesos naturales, esos que son de libre apropiación por la humanidad, en desarrollos tecnológicos que estén bajo su absoluto dominio.
Entonces definitivamente, la antinomia deja de ser urbano rural, porque la anomalía primitiva se lo devoró todo, no hay forma de que lo urbano sea mas urbano y lo rural sea menos rural, mirado bajo la óptica de los viejos conceptos, no hay forma de volver atrás, sino se trastocan los parámetros.
Volver a lo rural es volver a construir modelos económicos naturales donde los procesos biológicos estén a salvo de la intervención fatídica de las tecnologías de punta.
Este es el desafío que planteamos, la necesidad de recuperar la ruralidad ancestral, el conocimiento de los pueblos en riesgo de extinguirse o perderse, recuperar la ruralidad, sin anteponerla a la urbanidad, porque solo se contraponen en el marco de los parámetros pueriles del paisaje, las distancias, o las actividades económicas. Entender esa antinomia como un proceso transformador circular, que se retroalimenta continuamente, porque nada en la naturaleza humana puede ser lineal, a pesar de lo que nos imponen el marketing y las estrategias corporativas.
Quedan por definir los escenarios donde se puede dar esa pelea vital por la recuperación de la ruralidad ancestral. Estos escenarios se pueden considerar, sobre todo en nuestro país, como relativamente recientes. Es a ellos, a los escenarios donde se da, a los que muchos autores han denominado nueva ruralidad, sin afectación en esta definición incompleta, de la lucha por la democratización y la universalización del conocimiento, sin mención a la necesidad de recuperación del conocimiento ancestral, libre y circular. La nueva ruralidad no puede ser un escenario, sino el proceso que en él se desarrolla.
Todos los procesos migratorios internos mencionados, han generado una matriz de distribución poblacional, que asemeja una figura de cuadros dentro de cuadros. La expulsión de la población hacia los centros urbanos, genera el despoblamiento de las provincias y las superpoblación de lo que se conoce como el área AMBA, al punto que esta contiene a casi el 40 por ciento de la población del país con algo así como el 10 por ciento de la superficie total. Sucede, en menor medida, algo parecido con otros espacios reconocido como conurbanos de grandes ciudades como Rosario, Córdoba y Mendoza. Pero esta asimetría a nivel nacional, también se repite a nivel local, el fenómeno relativamente nuevo, que describe aquellos escenarios de la nueva ruralidad de la que hablamos, es la aparición de los mencionados countrys, o barrios cerrados. Estas urbanizaciones destinadas a sectores minoritarios de la sociedad, expresan el ideario de la nueva ruralidad que no es tal.
Los countrys, los barrios cerrados, las urbanizaciones vip, son estrategias comerciales, pero expresan una necesidad humana, la del contacto con la naturaleza, que es una de las clásicas definiciones de lo rural.
No se trata de renegar de ello, se trata de ponerlo en contexto, entender que esta dinámica poblacional termina generando situaciones como que separados por una calle de 7 metros de ancho, tenemos urbanizaciones barriales con una densidad demográfica de 10 personas por km cuadrado y otra de 2500 personas por kilometro cuadrado. Esto es básicamente inequidad social, pero es también mucho mas. Esas densidades demográficas tan diferentes albergan cada una de ellas a los emergentes diferenciados de aquellas migraciones, es decir son dos sociedades separadas por la situación económica y la condición social, pero muchas veces con un origen común, provienen de aquella ruralidad ancestral, han perdido sus rasgos culturales, han quedado ambos fuera de la portación del conocimiento, es ahí en esa disparidad con origen común, donde se halla la arcilla en la que se podrá moldear la verdadera nueva ruralidad.
Estos dos paisajes tan distintos, donde a un lado de la calle duermen vacios, inmensos campos de deportes, cercados con alambrados, custodiados por cámaras, alarmas y guardias armados y del otro lado de la calle, un grupo de chicos juegan a la pelota en la vereda, esquivando pozos, perros y vecinos enojados. ¿Qué es lo urbano y que es lo rural en esa dialéctica donde tesis y antítesis están separadas apenas por 7 metros, donde yace entonces la nueva ruralidad? La respuesta es compleja pero univoca, ni a un lado ni al otro, tal vez en la calle misma, seguramente en el encuentro, en la fusión, de esos universos contiguos, fusión que es inevitable, serán unos jardineros, domésticas, pileteros albañiles etc. de los otros, van a interactuar, y a veces más, a veces menos, de esa interacción surgirán las posibilidades de achicar la brecha, la nueva ruralidad, que es la ancestral, los viejos hábitos de consumo, la portación del conocimiento, los deseos y la necesidad inherente de una vida armónica con la naturaleza serán lazos que acortaran las distancias.
Este es el punto, porque esas sociedades diferenciadas, con todas sus escalas, encontrarán formas de acercarse, si la voluntad por un mundo mejor, por una vida más sana y cercana a la naturaleza, no es solo una moda pasajera o un snobismo perturbador, si se puede llevar a lo profundo de cada uno, al rasgo humano de la sociedad, al sentir profundo de una cosmovisión que trascienda lo temporal y lo material. Este es el gran secreto, la única posibilidad de construir una nueva ruralidad, que emerja de las tres etapas históricas y del mandato de sus respectivas oligarquías, con una concepción profunda, amplia y totalizadora de la vida misma. La nueva ruralidad no puede ser el resultado del ejercicio del poder de nadie, no puede repetir las variables que se han marcado históricamente, la invasión, el sometimiento, la esclavitud y el exterminio.
La nueva ruralidad emanará del respeto a la madre tierra, a sus hijos todos, al trabajo humano, al conocimiento como valor moral, no como artilugio de poder, la nueva ruralidad será la última oportunidad para la civilización y todas sus criaturas o no será. No habrá nueva ruralidad donde las semillas se patenten, no habrá nueva ruralidad si no se recupera el legado histórico cultural de los cultivos.
No habrá nueva ruralidad si el Maíz, es solo un grano que se exporta para alimentar los chanchos chinos.
No habrá nueva ruralidad, sin una nueva humanidad.
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